Santo Domingo.- Para ser sinceros, tenemos que admitir que el Día del Padre ni se le acerca en emotividad al Día de las Madres. Los comercios no reciben la paciente concurrencia que en el Día de las Madres se resigna a hacer largas filas para pagar, con el objeto elegido en mano para luego pasar a los menos organizados puestos para envolver regalos. Todo con el fin de pintarle una gran sonrisa al ser más amado de todos. 
De la misma manera, las palabras y demostraciones afectivas suelen ser más medidas; no sé si por la influencia del machismo o por el gran número de “engendradores” que nunca asume su responsabilidad paternal y le dan la espalda a sus retoños en el momento en que más requieren de su presencia.

Otros no niegan su apellido o manutención a sus vástagos, más, olvidan el amor y el tiempo que deben dedicarles. Estos y los que cometen otros garrafales errores, hacen que esta fecha sea para muchos un día más del calendario, donde la idea de honrar al padre resulte una escena utópica, casi de novela. No obstante, para aquellos que hacen la diferencia, asumiendo con alegria y amor la misión que adquieren desde el momento mismo en que se enteran de que van a ser papás, merecen la más grande fiesta de cariño por parte de sus descendientes. 

Hombres, que a veces sin dejar a un lado los conceptos machistas, (de que los machos de verdad no externan sus sentimientos) se mantienen pendientes y demostrando con hechos (no con dinero) que sus hijos lo son todo para ellos.

Hombres maravillosos como los dos padres que la vida me asignó para ser mis guías, mis ejemplos y mi respaldo. Mi Jeremías y mi papi Tobías.

Si es una bendición contar con un padre, yo estoy más que bendecida porque tengo a los dos.

Todos los hijos que tenemos la dicha de contar con un padre de verdad, no dejemos escapar la oportunidad de hacerles saber cuánto les amamos y agradecemos por todo lo que han hecho por nosotros.

A todos esos padres reales les deseo un feliz día. ¡Felicidades papás!