Santo Domingo.- Visto el caso de que en Hollywood los guionistas se lo ganan fácil copiando otros libretos antiguos y no tanto, haciendo costuras a historias ya vistas e inventando tonterías resobadas para el gusto de la mayoría que asiste a las salas de cine.

Mayoría que, como aquí, está compuesta por niños y jóvenes (dejando aparte los descerebrados que gozan esos mismos filmes aunque tengan más de cuarenta años). 

Por eso no nos parece mal que el estimado señor Hoyt Yeatman, director del asunto a tratar, se haya inventado la boba historieta que, para poder ser llevada a la pantalla, hubo de ser “tratada” nada menos que por cinco guionistas, lo cual nos da un indicio de lo desnutrido de su capacidad literaria.

Porque la “historia” es la de un señor miembro de los servicios secretos de Estados Unidos que ha conseguido edificar un laboratorio en el cual puede entrenar animales para trabajos de inteligencia y, gracias a otro dispositivo, hacerles hablar en inglés (en este caso, la copia que vimos, en español).

Y, por supuesto, sus superiores no se tragan el cuento y desbaratan el proyecto cuando los pequeños roedores (un topo y tres cobayos o conejillos de Indias) no pueden mostrar las pruebas de lo que hicieron para el gobierno al penetrar la custodia de un industrial que tenía uno de esos planes diabólicos de siempre.

Claro, como los desbandan, entonces es cuando ellos deciden hacer las cosas bien, o sea, mejor que antes, y vimos en la platea como los niños (y a un grupo de adolescentes y otros mayorcitos) disfrutaban de las menudas aventuras de los bichos en su denodada lucha contra las fuerzas del mal, etc..

O sea, si tiene alguien un niño pequeño al cual desee hacerle pasar una hora y media tragando boberías, no dude en llevarle.